domingo, 10 de agosto de 2014

La Revolución de las Almas - Sam (Cap. 3)

De las dos, Sam siempre había sido la divertida, alegre y soñadora; la que robaba la atención de cualquiera apenas entraba en una habitación. Marie, en cambio, era la aburrida y poco sociable de las dos.

A pesar de sus diferencias, siempre se habían llevado bien. Marie trataba de mantenerse alejada de todos y de todo, pero Sam terminaba siguiéndola de cualquier forma.

—¡Una hora tarde! Esta vez sí te pasaste, Marie —dijo Sam con tono burlón.

—Lo siento, de verdad. El tiempo se me fue de las manos, no fue intencional —respondió Marie.

—Bueno, al menos me trajiste flores. Me encanta que tengas detalles para darme la bienvenida…

—¿Qué flores? ¿De qué hablas?

—¡Exacto! Ni siquiera pensaste en mí. Sabes que adoro las flores para una bienvenida… —respondió Sam con un exagerado tono caprichoso.

—Carajo, Sam, no estoy de humor para tus tonterías.

—Tranquila, solo bromeaba. Qué bien me recibes…

—Solo vámonos.

Ambas dieron media vuelta y se marcharon.

Al llegar al viejo departamento, Sam solo atinó a decir:

—¿Aquí vives?

Su tono desagradable hizo que Marie frunciera el ceño.

—Sí, aquí vivo. Y si no te gusta, pues qué pena.

—Tranquila, que te vas a arrugar —dijo Sam mientras lanzaba sus cosas sobre el enorme sofá de cuero negro que estaba en el lobby.

—Bueno, bueno… ¡Cuéntame! ¿Con quién sales ahora? —preguntó sonriente mientras se desplomaba sobre uno de los sofás cercanos.

—¿Salir? No he salido con nadie desde hace bastante tiempo.

—Entonces, ¿de quién es esa casaca azul que está ahí?

—Es mía. La tengo desde hace tiempo, la uso de vez en cuando…

—Pero ese modelo es para hombre. Te vistes raro, pero no masculina. Seguro le pertenecía a ese viejo novio francés tuyo. ¿Cómo se llamaba? ¿Jim? ¿Bill? ¿Joe?

—Nick. Su nombre es Nick Fournier. Y sí, es de él. La dejó aquí la última vez que nos vimos.

—No sé cómo pudiste terminar con él. Era lo que cualquier chica busca en un hombre: alto, atractivo, con buena posición económica, amigable… lo tenía todo.

—Supongo. Pero no quiero hablar de eso. Mejor ordena tus cosas. Tienes el cuarto de huéspedes, y obviamente este no es.

—Bueno, está bien… tu casa, tus reglas.

Esa misma noche, luego de que Sam terminara de instalarse, decidieron salir a comer algo, aunque eso provocó una pequeña discusión durante todo el camino. Finalmente, llegaron a un acuerdo: comer lo que ambas más disfrutaban, una hamburguesa y una malteada de frambuesa.

Rieron durante toda la noche, incluso a pesar de lo seria que podía llegar a ser Marie. Caminaron por varias calles hasta que Sam finalmente dijo:

—Realmente estoy cansada… ahora sí, volvamos a tu casa.

Marie simplemente asintió.

Al regresar al departamento, lo primero que hizo Marie fue lanzar su largo abrigo sobre una de las sillas cercanas a la entrada, mientras Sam entraba rápidamente al baño.

El departamento estaba especialmente diseñado para ella. Todo parecía acomodado para convivir con su extraño equilibrio entre desorden y organización. Cada objeto parecía estar exactamente donde debía, como si el lugar entero hubiese sido calculado para adaptarse únicamente a su rutina. Quizá por eso nunca se había mudado; era el único sitio donde realmente se sentía cómoda.

A simple vista, todo seguía exactamente igual, incluso después del caos que había provocado la impetuosa llegada de Sam. Sin embargo, hubo algo que llamó su atención cuando dejó las llaves junto al teléfono: una pequeña luz parpadeante.

Eso era extraño. Ella no estaba acostumbrada a recibir llamadas.

Sin demasiada preocupación, presionó el botón para reproducir el mensaje. Entonces una voz masculina dijo:

—Buenas noches, Srta. Barlotti. Habla Mark Huré, jefe de policía de Mindwhire. Por favor, acérquese a la comisaría lo antes posible. Es sobre su compañera de trabajo, Francesca Manks. Buen día.

—Vaya, vaya… así que a la hermana aburrida le gusta meterse en problemas, jajá… —dijo Sam en tono burlón mientras secaba sus manos con una pequeña toalla.

......







jueves, 17 de julio de 2014

La Revolución de las Almas - La vieja Estación (Cap. 2)

Se apresuró a bajar los escalones de dos en dos, como cuando era niña y jugaba en la antigua escalera de la casa de su abuela. Salió de aquel viejo edificio azotando las puertas contra las paredes despintadas, dejando atrás ese escenario que tantas veces había contemplado con cansancio.

Corrió hacia la Av. Santen Hill y tomó el primer taxi que pudo encontrar: uno amarillo, con un aromatizante de pino poco agradable para cualquiera que no fuese conductor. El hombre al volante parecía perdido en sus propios pensamientos, observando el aumento del taxímetro como si aquello fuese lo único capaz de mantenerlo despierto durante la noche.

Apenas llegaron a la vieja estación, el taxista solo atinó a decir:

—Son 36 dólares.

Ella rebuscó apresuradamente dentro del desordenado bolso que había recogido del suelo antes de salir de casa. Después de mover papeles, llaves y algunos objetos olvidados, encontró un billete de cincuenta y se lo entregó.

—Gracias —murmuró.

Cuando el conductor se giró para devolverle el cambio, se percató de que aquella chica de cabello rojizo —el cual parecía estar en todas partes menos sobre su cabeza— ya no estaba. Había desaparecido dejando la puerta abierta, como si el azar pudiera encargarse del resto.







Al llegar a las descuidadas bancas de la estación, buscó con desesperación a aquella persona que debía encontrar hacía ya una hora. Después de recorrer el lugar sin éxito, terminó recostándose sobre una de esas bancas cubiertas de nombres pintados y corazones mal tallados con las iniciales de adolescentes que solían pasar por ahí cada viernes después de la escuela cercana a la estación.

Tomó una postura peculiar: apoyó los codos sobre sus rodillas juntas mientras sus manos sostenían los costados de su cabeza, dejando a la vista sus altos tacones marrones, los mismos que usaba todos los días para ir a trabajar.

Entonces, de repente, una sombra cubrió sus zapatos hasta la altura de sus pantorrillas. Antes de que pudiera reaccionar, escuchó una voz familiar decir:

—Me pregunto si algún día cambiarás, hermanita… jajá.

Levantó la mirada.

Y ahí estaba ella.

Aquella chica alta de cabello largo y negro, y grandes ojos marrones.

Era ella.
Era Sam…


domingo, 13 de julio de 2014

La Revolución de las Almas - La habitación Color Carmín (Cap. 1)

Después del trabajo, solo pudo llegar a aquel apartamento ubicado en el quinto piso, en la última esquina entre la Av. Sintanos y la Av. Muten. Al entrar a aquel desordenado apartamento, azotó la puerta sin mirar hacia atrás, dejando su anticuado saco de sastre sobre un viejo anaquel despintado.

Se dirigió a su habitación, abandonando sus pertenencias a lo largo del extenso pasadizo, hasta llegar al borde de su cama, donde se desplomó apenas sintió la suave tela de las sábanas que hacía poco había comprado en una tienda barata cerca de su oficina.

Una vez allí, miró el techo color carmín de su habitación, en el cual había pegado un póster de una banda que, desde hacía muchos años, no se presentaba en un escenario. Aun así, ella mantenía viva la esperanza de volver a verlos algún día.

Cerró los ojos por un momento y soltó un suspiro de cansancio. Sin embargo, cuando volvió a abrirlos, el marcador de su reloj había cambiado: eran las nueve de la noche.

Al darse cuenta, se levantó rápidamente de aquella cómoda cama que había esperado disfrutar durante todo el día. Se acercó a su pequeña mesa de noche, apartó todo lo que había sobre ella y tomó un sobre del cual sacó una nota escrita con una de esas antiguas máquinas de escribir.

Al final de esta decía:




-"Estaré en la estación a las 8, no olvides venir por mi."

Te quiere, Sam

.......


miércoles, 9 de julio de 2014

Un nuevo día

Diario de un Desconocido xx/xx/xxxx

Abrió los ojos, y en un instante se percato que ella se había ido, se sentó al borde de la cama con la mirada perdida en el suelo; cuando sintió una briza familiar, levanto la mirada y observo el movimiento de las cortinas con el viento que entraba a la habitación mientras que una mariposa color negro entro por la misma ,posándose en un viejo libro que estaba encima de aquel escritorio desordenado; miro extrañado aquel libro....decidió levantarse y acercarse al escritorio sujetando el libro con una sola mano, cuando poso su mirada sobre la portada del mismo, sonrió y dijo "tu eres nuevo, pero por algo estas aquí.